Para lograr una buena mezcla sólo se
necesita:

Buscar
y escoger materiales limpios y duros.
Fijarse
bien en las cantidades y proporciones
convenientes de los materiales según su
uso.
Cuidado
con el manejo y colocación de mezclas.
Evitar
remiendos.
Botar
aquellas mezclas que han empezado a
endurecerse o "fraguar", como dicen los
ingenieros.
Materiales:
El Cemento que vaya a
usar debe ser de sacos originales y lo
suficientemente nuevo como para que esté
"fresco" y no se haya pasado. Un cemento
pasado se conoce porque, en lugar de estar
en polvo, toma la forma de piedras o
terrones de tamaño variado. Se preguntarán
algunos, pero si se machacan o muelen las
piedras o terrones ¿no se vuelve a obtener
cemento en polvo? Pues, debo decirles que
el polvo que así se obtiene no posee las
propiedades del cemento original; por eso
mejor que cuando el cemento se haya
convertido en piedras o terrones, lo único
que debe hacerse con él es botarlo y no
usarlo. El cemento debe protegerse de
humedad y no debe comprarse con más de dos
semanas de anticipación.
La Arena Y La Piedra
deben ser limpias, sin barro, carbón,
pedazos de madera, sales, etc. Una arena o
granzón limpios se reconoce porque al
frotarlos con la mano no dejan manchas de
barro o tierra, sino que dejan la mano
limpia. Para hacer mezclas con cemento no
debe usarse arena de mar, pero si pueden
utilizarse las de mina y las de ríos.
El Agua debe estar
limpia que no tenga barro, basuras,
ácidos, sales, grasas y otras impurezas.
El agua de ríos y quebradas es buena
siempre y cuando no sea muy turbia; y en
caso de que lo esté, deje asentar en
alguna vasija o envase y luego la usa
teniendo cuidado de gastar solamente
aquella que haya aclarado. Es importante
recordar que el agua salada no debe usarse
porque las mezclas hechas con ella son muy
flojas y por lo tanto, con poca
resistencia.
Equivalencias:


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